Primera mirada
Todo acto que involucre una construcción, por mas frágil o liviana que sea, también es arquitectura, por lo tanto, cualquier manifestación que involucre una reacción masiva de las personas, es arquitectura ya que, en esa reacción hay una mirada de los usos de la gente, pensando en un bienestar futuro y por eso se construye.
Imagen difusa
Cada año, desde finales de septiembre hasta los primeros días de abril, el ladrillero artesanal irrumpe en el paisaje, manipulándolo y edificando con sutil empeño, una estructura casi efímera, mientras menos tiempo se mantenga erguida mayor será el regocijo de su creador. El Horno de ladrillos, un objeto elaborado sin ningún pretexto aparente, se percibe más bien como una escultura a la mirada rápida que ofrece la carretera 5 sur, una escultura que inscribe en ella el conocimiento perpetuo del artesano.
Al hablar de territorio se habla de una imagen, ya sea clara o difusa, frágil o perpetua, esa imagen es la que el ladrillero artesanal construye con el rito, un rito que permanece desde hace mas de 150 años en esta zona. Transformando la tierra en barro, abriéndose paso entre los caballos que en una danza aprendida y practicada desde siempre el ladrillero va dando consistencia a la mezcla. Solo cuando el sol acompañe, esta mezcla tomará forma, no cualquier forma, sino la adecuada, permitiendo construir la escultura que posteriormemente quedará expuesta con la quema final. Esta es la imagen que se quiere rescatar, la imagen de un horno de arcilla cocida, que brota de la tierra a partir de la tradición del hombre, apareciendo como un recuerdo o una imagen difusa en el imaginario constructivo de las personas, apropiándose del territorio que la inscribe, en un rito, que no quiere desaparecer.
Que hacer cuando esta arquitectura sutil al recuerdo, hermosa por la verdad que atrapa y ajena de banalidades se ve confrontada con intereses que no subyacen en las manos de sus creadores, y mas bien pertenecen a la política, la cuestión social y a las nuevas contingencias de un mundo globalizado, una cuestión que caprichosamente no acoge el bienestar de las comunidades que construyen tradición. José Saramago en su obra “La Caverna” plantea este dilema tan profundo para todos los seres humanos. Cuando desde las lógicas del mercado, del consumo y del pragmatismo, se generan nuevas formas de relaciones, las cosas son importantes en tanto posean valor de uso y valor de cambio. Lo que deja de tener uso se tira, por lo tanto el valor ya no es simplemente el producto de la alfarería sino, de las personas y economías familiares que viven de la elaboración de dichos productos.
¿En que punto la arquitectura toca un problema político y manipula el oficio del artesano, transformándolo en una imagen que se conserva en la memoria cultural de las personas?












